Ahora que ya se esta acabando el periodo de Álvaro Uribe como gobernante de Colombia, quería hablar un poco acerca de una acusación que vi muchas veces en la ciudad hacia ese político pero en la que nunca había reflexionado ni un poco.
Era más que frecuente ver muros que acusaban a este personaje de fascista o de nazi, no solo dejándolo explicito en palabras, sino en interesantes comparaciones con la famosa figura del “führer” Adolf Hitler, las cuales adjudicaban a Uribe un mostacho diminuto que no tiene en la vida real, y dejando en entrevisto que su carácter de caudillo y mesías, que era aclamado por algunas multitudes, no era una posición que compartieran esos pobres muros.
Para el ojo común, esta acusación no pasa de ser ridícula o irreal, dado que para la mayoría de gente el carácter nazi lo da el antisemitismo o el ultranacionalismo que tuvo ese régimen, y es claro que en Colombia no ha ocurrido un holocausto contra los judíos, ni encontramos discursos sobre alguna raza superior.
Me dispongo a contar, entonces, porque encontré sentido a estas acusaciones hacia el señor presidente, y los invitó a que traten de “hilar delgadito” (como dicen las abuelas) ante la situación mas común o mas bana que se puedan encontrar en la vida cotidiana como lo fueron, en mi caso, las acusaciones de unos muros.
Lo primero a revisar es cómo aparece el elemento nazi o el elemento fascista dentro de una sociedad, para mostrar que su punto central esta muy lejos de ser el antisemitismo o el ultranacionalismo (los que ya había mencionado). Podemos partir por tratar a estas dos categorías (Nazismo y Fascismo) como una unidad, teniendo en cuenta que las situaciones históricas que tuvieron las unieron entre sí, y que las dos se construyen a partir de los postulados del llamado “decisionismo” y de su principal representante: Carl Schmit.
Me permito resumir la postura decisionista en tres puntos principales:
- Clasificación del otro en, solamente, dos categorías: amigo – enemigo: se puede encontrar el sentido de esta idea en su enunciado; esta postura pretende que el individuo, desde su percepción, divida a toda la sociedad en las dos categorías amigo-enemigo, reduciendo su visión del otro a que “quien no es mi amigo es mi enemigo”
- Obediencia: Es fundamental en el decisionismo que se dé mayor importancia al cuadro general de la sociedad, representado en el gobierno, sus proyectos e instituciones que al individuo, por esto el individuo se ve relegado a la obediencia de ordenes que beneficien a la sociedad en su conjunto, sin importar si causa “pequeños” perjuicios particulares. Esta última característica es la que deriva la siguiente característica que me pareció fundamental:
- Banalización de la muerte: Entre esos perjuicios “pequeños” que se podían generar con tal de seguir el cuadro general de la sociedad, como lo mencioné, aparece la muerte. Así se transforma la muerte, de elemento trágico y trascendental a un evento corriente que se da con frecuencia y que fluye entre muchas otras cifras estadísticas.
Luego de este brevísimo resumen, identificando características que me parecen las fundamentales en la postura decisionista, quisiera hacer unas inocentes comparaciones entre la caracterización de la base teórica para la construcción del nazismo y, elementos encontrados en la actualidad colombiana y las políticas del actual gobierno.
El primer elemento, que pretende que el individuo conciba la realidad en blanco y negro, que conciba a los otros como amigos o enemigos (únicamente), está presente de manera clara en la pretensión del gobierno de nuestro presidente Uribe. En el análisis del discurso del presidente Uribe, encontramos frecuentemente su intención de que todos, y cada uno, de los sectores y actores de la sociedad colombiana sean considerados en los términos de “compatriotas” y “verdaderos colombianos”, para aquellos que apoyan su política y sus acciones; y la categoría de “terroristas” para aquellos que no lo hacen y que ejercen control político y crítica a estas. Esto, no ha ocurrido solamente con “grupos insurgentes”, sino que se ha visto claramente en un buen número de acusaciones que ha lanzado el mandatario, a lo largo de su(s) periodo(s), a partidos rivales, a algunas de sus figuras, y también a figuras académicas que han ejercido una posición crítica frente al desempeño presidencial. Así se han visto involucrados algunos personajes en investigaciones judiciales que a la final se ven sin fundamento, y en procedimientos ilegales e ilegítimos de captura y retención de algunos otros actores, por presunciones de ilegalidad y pruebas de las que no se puede cerciorar su existencia.
El elemento de la obediencia lo mostré con el objetivo de señalar como se construye la posibilidad de la banalización de la muerte y es, esta última, la que quiero ubicar como elemento presente en la realidad colombiana. Simplemente, basta con hacer revisión de los medios de comunicación en cualquier día, para ver que la muerte ha adquirido un carácter tan corriente, que perturba.
No hay duda que la muerte es un evento natural, aunque culturalmente se ha construido un tabú alrededor de él, pero la situación que acá encontramos es impactante en la medida en que la vida es quitada de manera casi industrial, podría decir, y brutal además, por grupos que no solamente son insurgentes, sino que en algunos casos, tienen vínculos muy cercanos con el elemento estatal.
No siendo más la reflexión que quería compartir con ustedes les invitó a que, como ya lo había dicho antes, no dejen pasar las situaciones comunes que ven en la ciudad, como un simple graffiti en una pared citadina, sino que traten de mirar cuidadosamente la ciudad, y encontraran que todo tiene una construcción y un trasfondo, a veces, interesante.
Camilo c.
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